
Así versa el título de una espléndida canción de José María Napoleón.
Y va muy ligada a estas líneas que enmarcan mis 30 años de vida; seis lustros andando por aquí y por allá.
Creo que si no nos sentimos plenos a esta edad quiere decir que no hemos vivido lo suficiente. Entonces me siento pleno.
Nunca me había sentido mejor. Y lo mejor de todo es que primero que nada tengo de cerca a mi familia (que es bastante grande tomando en cuenta los hermanos que he escogido). Si he de hablar de lazos familiares pues entonces los aplausos se los llevan mis padres. Mi viejo por su sencilla filosofía de vida que se fundamentaba en existir para vivir. Mi madre por nunca darse por vencida a pesar de su paso de niña-adolescente-mujer madura. Ella que creyó en lo que muchos ahora ni siquera apuestan para trascender: El valor de una vida.
Ahora, el destino la pone nuevamente a prueba pero he de decir que saldrá adelante sin duda.
Una etapa de este álbum se remonta a 1983 cuando entre al quirófano por mi distrofia muscular por primera vez. No se si Cosme Flores es un genio o yo un afortunado pero empecé a experimentar cómo la vida les sonreia a mis padres al verme evolucionar (costó trabajo pero creo que valió la pena).
Llegó 1986 y el ingreso a la primaria era algo que ponia en un dilema a mi madre pero para 1992 aplaudió el primer paso académico de quien dijeron algunos médicos "no va a durar".
Corria 1995 y se dió el egreso de secundaria y la ampliación de mi familia (ingresaron en banda y no se han ido jaja). Esta fue una etapa muy emotiva, llena de la inocencia y el juego que cualquier niño de mi edad (en mi época) deseaba: muchos compañeros, grandes amigos y la fortaleza y cimiento de un momento que ahora me tiene aquí (y si no podría enunciar tantas anécdotas que se escribirán en un papel algún día).
Para 1998 salia de la preparatoria a jalones y estirones pero lo conseguí.
Poco despues de esta etapa se gestaría una etapa pre profesional bastante importante aunque la etapa familiar se tambaleaba un poco.
Pasado este trance llegué a la universidad, no sabía quien era pero sí que quería. Después de incursionar en un "semestre cero" en el ITC llegué al CEU (ahora UDL) a estudiar lo que siempre quise: Comunicación.
Fueron 4 años que se fueron como agua pero que gracias a mucha gente fueron bastante amenos y provechosos.
Para ese entonces ya apoyaba a un gran amigo en su despacho y quien me enseñó las varias facetas que tiene un ser humano. Ahí florecieron varios proyectos y otros que todavía esperan luz verde pero demandan mucha madurez de la gente que está involucrada. Estamos en ese proceso.
Despues de esa experiencia laboral llegué a un lugar que tal parece que el destino ya tenia marcado para mi al haber incursionado ya tres veces en la redacci{on de un periódico que poco a poco me fue forjando para aprender y trascender.
Entre esas etapas también tuve la oportunidad de trabajar en producción audiovisual, diseño editorial y hasta me he dado el gusto de impartir clases y compartir mis experiencias en diferentes ámbitos.
Aunado a eso también llegaron estudios de posgrado en publicidad y enseñanza, poner a prueba mis conocimientos y experiencias en comunicación en un examen Ceneval, competir en sistemas de enseñanza como el SABES y la UVEG y empezar un proyecto que, aunque lento, parece que va viento en popa.
La experiencia docente ha hecho más fuerte el ámbito periodístico en el que ahora me desenvuelvo.
¿Qué falta? No lo sé.
¿Qué sigue? Todo.
Tres décadas y contando...
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